Historia de la Catedral

La Primera Iglesia Matriz

Un día después de la fundación de la ciudad, se asignaron los solares más importantes para los edificios. En primer lugar se determinó el sitio para la construcción de la Iglesia Matriz a la que se le dio el nombre de Resurrección de Nuestro Señor por ser ese día el segundo domingo de Pascua, y se dispusieron otros dos solares contiguos, a la Iglesia Matriz, para la casa parroquial.

Todo ello en el lado norte de la plaza principal. Según relata la historia, fueron el Lic. Don Hernando de Lerma juntamente con el Obispo Francisco de Victoria quienes sostuvieron en sus manos el cordel con el que fijaron los límites del terreno destinado al Templo y a la residencia del Obispo.

No se tienen precisiones acerca de cómo fue la construcción original del Templo, como tampoco existen datos ciertos de cuándo fue construido, pero podemos suponer que aunque modesto, se edificó inmediatamente después de realizada la fundación de la ciudad. Sus paredes serían de adobe y el techo de paja como todas las construcciones contemporáneas. Sin embargo llegó hasta nuestros días un escrito de Alonso Gómez de los Ríos que vino con Juan Ramírez de Velazco en 1586 y declara en 1626 en un expediente judicial Cuando vine a avecinarme a esta ciudad no había campanas, ni iglesias… ahora hay cinco iglesias a las cuales he ayudado para todas las cosas.


Las iglesias a las que hace referencia son San Bernardo, la Compañía, San Francisco, La Iglesia Matriz y La Merced*. Otro antecedente importante es el informe que el Gobernador Alonso de la Ribera elevara a la corona en el año 1606, en la que expresa que la ciudad de Lerma tenía el Convento de San Francisco, el convento de La Merced y la Iglesia Matriz**.

En aquellos años no era sencillo conseguir ornamentos para los Templos, sin embargo apenas transcurridos 10 años de la fundación de la ciudad, Salta contaba con la imagen enviada por el Obispo Victoria del Santo Cristo que luego se llamó el Señor del Milagro. Esta imagen seguramente ocuparía un lugar principal en el precario Templo. 

* Miguel Sola, “Arquitectura Colonial de Salta”, pág. 86, Salta, 1982
** Teresa Cadena de Hessling, “Iglesias de Salta”, pág. 89 en “Salta; IV siglos de arquitectura y urbanismo”, Salta, 1982

La Segunda Iglesia Matriz

La precariedad de la construcción original y el paso del tiempo causaron un rápido deterioro en la Iglesia Matriz, por lo que en el año 1645 por orden del gobernador del Tucumán Don Gutierrez de Acosta y Padilla se inició la construcción de un segundo templo casi en el mismo lugar que ocupa el actual, y cuya construcción finalizó en el año 1648. No tenemos gráfico alguno sobre cómo era este nuevo edificio pero según manifiesta la Prof. María T. Cadena de Hessling, constaba de dos sólidas torres y una hermosa cúpula en su crucero. Puede especularse que en este segundo templo la imagen del Cristo Crucificado fue ubicada en un lugar secundario.

Pasaron los años y llegamos a los acontecimientos sucedidos el 13 de setiembre de 1692, una fecha clave en la historia del Señor y la Virgen del Milagro. En esta fecha se produjeron los terremotos que destruyeron la ciudad de Nuestra Señora de Talavera de Madrid de Esteco, y amenazaron hacer lo mismo en Salta, pero la intercesión de la Virgen del Milagro y la fe del pueblo salteño salvaron la ciudad. Pasados unos días de ocurridos los terremotos, se procedió a inspeccionar el estado de la construcción de la Iglesia Matriz, observándose importantes grietas en las torres, por lo que se dispuso la demolición de aquellos sectores que ofrecían riesgos de derrumbe. Las sagradas imágenes (el pueblo devoto ya había asignado a la Inmaculada el título de “Virgen del Milagro”) fueron repuestas en su lugar habitual: la Virgen en la parte alta del retablo y el Cristo en un altar lateral (Cfr. Miguel A. Vergar “Historia del Milagro”). A pesar de los esfuerzos por mantener en pie el templo, esto fue posible solamente por unos pocos años.

La Tercera Iglesia Matriz

Si bien fue en el año 1710 cuando se designa a la ciudad de Salta como Capital de la Gobernación, ya desde tiempo atrás los Gobernadores del Tucumán la preferían como residencia, tanto por lo benigno del clima como por lo próspero del comercio y también por la necesidad de asegurar los límites de la conquista frente a las numerosas invasiones de los aborígenes de toda esta zona. Es por estos años cuando el Gobernador don Esteban de Urízar y Arespacochaga inició, aún a su costa, la construcción del tercer Templo Matriz de la ciudad de Salta.

El tiempo que demandaría la construcción de la nueva Iglesia Matriz requería de un lugar distinto para la realización de las actividades propias del culto, es entonces cuando se designa a la Capilla de San Bernardo como Vice Parroquia cumpliendo desde entonces, las funciones de Iglesia Matriz.

Fué este fiel gobernante, quien al acercarse la fecha de las festividades del Milagro de 1712, enterado de que los testimonios originales que certificaban los hechos ocurridos durante los terremotos de 1692, se habían extraviado en los archivos del Juzgado Eclesiástico, ordenó que se levantaran nuevos testimonios de testigos presenciales, intachables e indudables para que quede otra vez fijada la verdad de lo ocurrido. Son estos los documentos que llegaron hasta nuestros días. 

En el año de 1714, se concluía la obra de la tercera Iglesia Matriz de la ciudad de Salta. 

Tampoco de este Templo existe algún dibujo o cuadro, pero sí se conocen algunos datos adicionales. La obra encarada era de una envergadura tal que los recursos oficiales destinados a tal fin resultaron insuficientes por lo que se designó una comisión para recaudar los fondos necesarios, nombrándose al Maestre de Campo Alonso Ruiz de los Llanos como Mayordomo de la obra.

El Maestre de Campo Pedro Diaz de Loria fue designado para dirigirla y el Sargento Mayor Diego de Avila como su ayudante. 

Existe en el Archivo y Biblioteca Históricos de Salta alguna documentación acerca de las personas y/o familias que hicieron aportes destinados a la construcción del Templo. Debemos recordar también que existía una disposición real que mandaba que todos los vecinos debían aportar a la construcción de iglesias según la calidad de cada ciudadano haciendo un prorrateo de sus caudales (Cfr. Teresa Cadena de H., “Iglesias de Salta” en Cuadernos del IV Centenario de la Fundación de Salta). 

Según Teresa de Hessling, “la construcción tenía 76 varas; y media de largo por 14 varas y media de ancho. Sus cimientos eran de piedra y barro revocados de dos varas y media de ancho por dos varas de alto. La altura llegaba a 10 varas. En su frente se abrían tres pares de puertas, las grandes del medio estaban umbraladas.

El techo se asentaba en 16 cumbreras de 5 varas cada una, en madera de cedro y se asentaban en 15 pares de tirantes de cedro con sus canes y labores de escultura. Entre tirante y tirante se colocaron 32 cornisas afrisadas. Se ataban por debajo de tirantes trabajados. Veinte soleras embebidas en la pared se colocaron para los corredores por la parte de afuera y 240 canes bolados servían en el alero. El piso era de tablas de cedro de cuatro varas de largo”. 

Respecto al interior no tenemos noticias de cómo era; pero un interesante documento de 1752 nos permite intuir que en esos momentos se quería enriquecerlo de un modo poco común. 

En este documento aparece un maestro desconocido hasta ahora, el dorador y encarnador de imágenes, Juan de Armijo, que se comprometía con el mayordomo don Jacinto López de Vera a “… dorar el retablo del Altar Mayor de la dicha Iglesia y entregarlo en un todo acabado en el término de un año y dos meses… y… por ciento y dos rostros que ha de encarnar le ha de pagar a siete reales asimismo en plata. Y dicho encarne se entiende con el cuerpo y ropaje…” 

Por su parte, el mayordomo se obligaba a “…que a dicho Maestro se ha de dar casa en que vivía a costa de la fábrica y un peón para que este lo ocupe en hacer cola, moler yeso y acarrear agua y otras cosas precisas para dicha obra…”

En opinión de los autores del “Patrimonio Artístico Nacional de la Provincia de Salta”, el número de figuras es realmente insólito y no coincide con el tamaño del edificio y cuesta suponer cómo podrían estar dispuestas ya que no se conocen obras de tal envergadura. 

Considerando que pudiese existir algún tipo de exageración en este documento, lo que si queda bien en claro es que la obra, tanto en su aspecto exterior como interior, era realmente importante.

La Iglesia de la Compañía

En el año de 1767 la Corona dispuso la expulsión de los padres jesuitas de sus reinos en esta parte del mundo. Pasados los años, resulta sumamente difícil evaluar el impacto que causó en la sociedad toda y particularmente a los nativos, que lograron un desarrollo humano, social y económico que poco tiempo después de la partida de los misioneros fue desmantelado y dispersado. Fue así que, cuando a fines del siglo XVIII la Iglesia Matriz ya no era segura y con el paso de los años el deterioro se hacía notar más y más, se decidió aprovechar la abandonada.

Iglesia de los padres de la Compañía, apenas a una cuadra de distancia de la Iglesia Matriz en la esquina de las actuales calles Caseros y Mitre. Pareció oportuno trasladar sus funciones a este templo, previa realización de algunas modificaciones en el frente y alguna ampliación en sus dimensiones.

En la primera década del siglo XIX, se dividió el antiguo Obispado del Tucumán, creándose la Diócesis de Salta. Su primer Obispo fue Mons. Nicolás Videla del Pino; por lo tanto este templo (el de los padres jesuitas) se constituyó en la primera Iglesia Catedral de la Diócesis de Salta. A decir verdad, este templo aunque refaccionado no era lo ideal, entre otras cosas porque el edificio tenía ya algo más de 100 años de antigüedad.

Sin embargo este templo participó activamente en la historia de nuestra ciudad: allí residieron durante algunos años las imágenes del Señor y de la Virgen del Milagro; también fue allí donde se refugiaron los soldados del General Pío Tristán cuando se libraba la batalla de Salta, de donde salió triunfante el General Manuel Belgrano. Fue en la casa de los padres de la Compañía donde lloró la imagen de la Virgen de las Lágrimas y entre sus muros el Padre José Carrión recibió la celestial inspiración de sacar la imagen del Cristo del Milagro por las calles de la ciudad.

La revolución libertadora y las guerras de la independencia fueron, entre otras, la causa de que no se diera la atención necesaria a los asuntos eclesiales.

Fue así como el templo fue refaccionado en varias ocasiones, en forma precaria. Generalmente estas refacciones fueron financiadas por particulares, que sacrificadamente hacían su aporte material para el mantenimiento de la Casa de Dios. 

En el año de 1837 el gobernador de Salta el General Felipe Heredia, nombró a la Virgen del Milagro Generala del Ejército de la Provincia de Salta, cuando se desarrollaba la guerra con Bolivia.

Los terremotos de 1844

Unos años más, llegó el día 18 de octubre de 1844. Un nuevo temblor de tierra exaltaba los ánimos de la población. Resulta muy interesante el relato que incluye en su obra el Vicario J. Toscano “El Señor y la Virgen del Milagro de Salta” que fuera publicado en un diario local llamado El Cívico, el artículo, publicado el 18 de octubre del año 1894, rememora los sucesos ocurridos en 1844.

“Desde días antes al 18, venía sintiéndose una atmósfera pesada, calor sofocante en calma; y en la noche fatal era tanto, que a las diez y media de la noche me hallaba con las puertas de mi casa de negocio abiertas, esperando alguna brisa, pues era el punto más ventoso de la ciudad, conversando en la acera con mi condiscípulo don Manuel A. Fernández, hoy canónigo de Merced, cuando oímos un ruido tan grande, tan espantoso, que no supe entonces con que compararle, ni hoy sé. Como máquinas corrimos precipitadamente para el centro de la plaza, y al cruzar por el frente de la Catedral, oí sonar la campana, sonido que a esa hora, y en ese momento tan angustioso, sólo podría producirlo el movimiento de la tierra que hacía balancear el campanario”.

Es sencillo deducir que los temblores de aquella ocasión no fueron leves, además, se continuaron por varios días y existe documentación que relata algunos de los daños producidos en casas particulares que se rajaron o vinieron abajo total o parcialmente. Afortunadamente no hubo que lamentar víctimas. Estos movimientos contribuyeron a incrementar el deterioro en la Catedral. Se le practicaron algunas refacciones que resultaron insuficientes. Por lo que 12 años más tarde, el Obispo Don José E. Colombres, inició los trámites para la construcción de una nueva Catedral, “que corresponda a la altura, rango y progreso actual de esta capital”.

El tiempo actual

La disposición del Obispo José E Colombres fue recibida con total alegría y adhesión por parte del pueblo salteño. También el Gobierno hizo su parte, pues el Gobernador Martín Güemes (hijo del prócer) promulgó una ley (ley 34 de 1858) mediante la que se cargaba con un impuesto a la sal que se extrajera de las salinas salteñas. Este impuesto sería destinado a los gastos producidos por la construcción de la nueva Catedral de Salta.

Se limitaban las vías de acceso de la sal a los caminos que circulaban por la Quebrada del Toro, la Cuesta del Acay y el Abra del Incahuasi.

La que viniera por otro lado debía ser decomisada en beneficio de la obra. Asimismo, todos los vagos y mal entretenidos que existieren en la provincia se afectaban a la construcción del nuevo templo.

En estos años el nuevo Gobierno patrio se encontraba en la dura tarea de organizarse. Por lo que, en la medida de lo posible, se generaban nuevas reparticiones que administraban temas específicos. Entre ellas el Gobernador de Salta General Rudecindo Alvarado habría creado la Mesa Topográfica y nombrado como director al Arquitecto Felipe Bertrés, quien además había sido nombrado Agrimensor General de la Provincia. Este arquitecto realizó el proyecto original para la Construcción de la Catedral, que con fecha 25 de Agosto solicita la aprobación del Gobierno de la Provincia para iniciar su ejecución. Suponemos que siendo el mismo Bertrés funcionario público y autor del proyecto, la aprobación no se hizo esperar. Casi de inmediato se comenzaron a cavar los cimientos. Sin embargo, apenas transcurrido un mes de iniciada la obra, fallece el Arquitecto Bertrés. Por lo que, se detuvieron las tareas hasta tanto se nombrase un ingeniero que reemplace al Sr. Bertrés.

Un intento del presbítero Isidoro Fernández hizo avanzar la obra, pero el fallecimiento de Mons. Colombres y la magnitud de la tarea ocasionaron nuevas demoras.

Cuando se pretendió continuar, surgieron algunas diferencias entre las personas intervinientes acerca de las características del Templo.

Por ello el nuevo Obispo, Mons. Rizzo Patrón, nombró al canónigo Alejo Marquiegui como el encargado de todo lo relacionado con la continuación de la obra. Los planos de la obra fueron presentados al Obispo para que fueran examinados por personas entendidas en la materia, así una vez aprobados, se podría contratar e iniciar la obra.

Mons. Rizzo Patrón pidió al franciscano, Fray Luis Giorgi, un dictamen sobre los planos propuestos, manifestando Giorgi que “no crean que pueda caber ninguna duda de que no resulte un Templo no tan sólo suficientemente majestuoso, sino también enriquecido de las cualidades indispensables para todo edificio, como son la solidéz, la elegancia y sencillez”.

Se iniciaron los trabajos de construcción de la Catedral primeramente por Francisco Soldatti, y luego se contrata con la Sociedad integrada por Nicolás y Agustín Cánepa.
A principios del año 1873 la construcción se encontraba bastante avanzada. Lo sabemos por un acta del Consejo Municipal en la que un integrante expone que habiendo recibido avisos de individuos competentes que la media naranja del techo de la Iglesia Catedral amenazaba desplomarse, debían tomarse las medidas oportunas para precaver los males que se ocasionarían si se verificase. El Consejo nombró una comisión para comprobar lo denunciado. Integraban esta comisión el Padre Luis Giorgi, Hipólito Cremona y Gerónimo Macchi. De esta forma continuó la obra de la construcción del Templo
(Cfr. Prof. M.T. Cadena de Hessling, “Iglesias de Salta” en “Salta, IV siglos de arquitectura y urbanismo”, Salta, 1982).

El Altar Mayor

En cuanto al Altar mayor de la Catedral, se contrató para su realización al maestro Francisco Righetti en el mes de mayo de 1876. El trabajo debía responder a un diseño que se le presentó, realizado por el padre Fray Luis Giorgi. Los términos del contrato eran los siguientes:

1. Don Francisco Righetti se obliga a ejecutar el diseño que se le ha presentado del Altar Mayor de la Catedral Nueva de Salta, no sólo en su conjunto si también en todas sus partes y detalles con las dimensiones y desarrollo de todas sus dichas partes y detalles por la persona que al efecto designará S.S. Ilma. El Obispo Diocesano quedando sujeto Don Francisco Righetti, durante la ejecución del diseño, a oir y conformarse a las indicaciones, observaciones y advertencias que le fueran hechas por la persona expresada, para la fiel y perfecta ejecución de la obra tanto en el ornato como en todo lo demás.

2. Don Francisco Righetti se compromete a construir el Altar de piedra y material cocido donde corresponda de primera clase y buena argamasa, las gradas serán de piedra de cal bien labradas, los ornatos y molduras de yeso que llevarán los fierros correspondientes, como también los rayos los cuales serán de madera de cedro colorado, maduro y bien seco.

3. La parte constructora se compromete a entregar todo el Altar concluido y blanqueado en el término de cuatro meses poco más o menos, sobreentendiéndose que el dorado no entra en la presente contrata.

Con algunas demoras, las obras del Altar y del Templo estarían concluidas para el mes de octubre de 1878. Con este motivo Mons. Rizzo Patrón creyó oportuno trasladar para el mes de octubre las tradicionales festividades del Señor y la Virgen del Milagro. La consagración del Templo se realizó el día 13 pero las ceremonias se prolongaron hasta el día 16. El problema económico no fue menor, pues existía una deuda muy abultada con la empresa constructora. Para cancelarla se pidió ayuda a personalidades del quehacer nacional, provincial y pueblo en general. La respuesta fue inmediata y sumamente generosa. La deuda fue saldada antes del 26 de ese mismo mes de Octubre. El día 24 se realizó la tradicional procesión de la que participaron 12.000 almas según lo expresa un periódico de la época.

Promediando el año de 1879 se contrata con la firma Righetti y Cia. la construcción de la fachada y torres de la Catedral. Gracias a una subvención de 10.000 pesos de la Cámara de Senadores de la Nación y las donaciones de instituciones y fieles en general los compromisos económicos contraídos por esta obra, fueron saldados en su totalidad.

Aunque no consta en documentos quién es el autor del frente y torres, según observaciones de especialistas, se trataría de una obra de Fray Luis Gorgi, pues se observan numerosas similitudes de diseño con el Altar Mayor de la misma Catedral y otras obras a él atribuidas.

Lo que sí sabemos fehacientemente es que este franciscano intervino prácticamente en toda la obra de la Catedral como asesor, como inspector y como autor de algunos proyectos.

Con fecha 6 de diciembre de 1883 la Comisión encargada de las tareas de terminación de las obras de la Catedral, da por finalizada su actuación.

Tareas posteriores

El Vicario General de la Diócesis Julián Toscano, investigador incansable de la historia de la Iglesia salteña, fue quién realizó las gestiones necesarias para cambiar el piso de la Catedral por el que actualmente posee de mármol de carrara ya que el que antiguo no era acorde a la construcción.

Durante el Gobierno de Mons. Matías Linares y Sanzetenea, se construyó la Capilla y Altar del Santísimo Sacramento, ubicada en una prolongación de una nave lateral.

Unos años más adelante, con motivo de la coronación de las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro, se modificaron los Altares de las Sagradas imágenes. Con este objetivo se contrató al ebanista Antonio Front quien dirigió las tareas. Desde un comienzo se planificó el del Señor como uno distinto al resto. Este Altar se construyó con una donación de la Sra. Mercedes Castellanos de Anchorena.

El 14 de julio de 1914 el Poder Ejecutivo Nacional lo declara Monumento Histórico Nacional mediante el decreto Nº 95.687.

En el año 1918 se construye el Panteón de las Glorias del Norte. Se encuentra a un costado de la puerta de acceso del lado izquierdo. En él descansan los restos del General Martín Miguel de Güemes, del General Rudecindo Alvarado, del General Juan A. Alvarez de Arenales, del Soldado desconocido de la Batalla de Salta, del Soldado desconocido de las Batallas de Suipacha y Sipe-Sipe, de la Sra. Martina Silva de Gurruchaga, del Coronel José Antonio Fernández Cornejo, del Dr. Francisco de Zuviría y del Teniente Eustaquio Frías.

El Papa Pio XI eleva la Diócesis a Arquidiócesis por la Bula de fecha 20 de abril de 1934, siendo su primer Arzobispo Monseñor Roberto José Tavella. En este mismo año, por iniciativa de Monseñor Campero, se realizan los trabajos de decoración del Altar Mayor y Coro. Fueron ejecutados por los artistas Pedro Julián Martínez y Franco Bussola.

En el año 1938 cuando se cumplían los 60 años de su consagración, se inauguraba también la completa decoración del Templo, obra del pintor Pedro Martínez. Esta decoración se encuentra muy lejos de ser el simple agregado de elementos decorativos, muy por el contrario se trata de un todo, cuidadosamente planeado que conserva un sentido riquísimo de historia por un lado y de vida cristiana por el otro.

En el año 1939 Papa Pio XII le concede la dignidad de Basílica Menor.

En el año 1941 el Ejecutivo Nacional declara a la Catedral de Salta como Monumento Histórico Nacional. 

En el año 1978 el Arzobispado Mons. Carlos Mariano Pérez, convocó a tres arquitectos para que presentaran proyectos de remodelación del presbiterio, para adecuarlo a las nuevas directivas del Concilio Vaticano II (los cambios efectuados anteriormente fueron provisorios). En otro orden de cosas se hacía necesario nivelar el suelo para evitar los graves inconvenientes que provocaba el movimiento de las Sagradas Imágenes por ese lugar. Finalmente se pretendía que estos cambios pudieran ser inaugurados para celebrar los 100años de la Consagración de la Catedral, dejando esta obra como conmemoración de esa centuria. 

El proyecto seleccionado fue el del Arquitecto Mariano Sepúlveda. El nuevo Altar posee un diseño acorde en todo al resto de la decoración del Retablo Mayor y fue ejecutado con maestría por los tallistas chilenos Juan Carlos Vergara y Luis Dogoberto González. El dorado fue hecho por el Sr. Edmundo Villareal con láminas de oro traídas desde Florencia, Italia.

En el año 1987 S.S. el Papa Juan Pablo II visita nuestra ciudad y venera a las imágenes del Señor y Virgen del Milagro.

El 4 de junio de 1988 se constituye al Santuario como Vicaría Episcopal por mandato de S.E. Mons. Moisés Julio Blanchoud, y se nombra a su primer y actual Vicario el Canónigo Alberto Julio Abram.

El contrafrente de la Catedral, sobre la calle Belgrano, para el año de 1989, presentaba un estado deplorable. Se encaró, entonces, la realización un proyecto elaborado por el Arquitecto Mariano Sepúlveda. Sobrio y elegante en sus líneas y en todo concordante con el estilo general de la Catedral, la obra se llevó a cabo y se concluía a fines del año 1991. Se inaugura el año siguiente. Los cálculos para la construcción fueron hechos por el Ing. Caro. En este edificio se encuentra la casa de los sacerdotes y salones de conferencias y reuniones, en otra ala un depósito donde se guardan algunos de los elementos que se utilizan en las fiestas del Milagro.

En el año 1992 con la celebración del IV Centenario de la llegada del Señor y la Virgen del Milagro, se inaugura el Museo de Arte Sacro de la Catedral, que lleva el nombre de Mons. Carlos Mariano Pérez. El diseño de esta obra es del Arquitecto Mariano Sepúlveda.

En el año 1993 se construyen los baños públicos de la Catedral ubicados a continuación del patio lateral.

En el año 1994 se inicia, en una propiedad de la Iglesia salteña, la construcción de “La casa del peregrino” obra que se finaliza en el año 1997. Se encuentra ubicada en la calle Alvarado Nº 351 de esta ciudad. Su principal objetivo es dar alojamiento a los peregrinos que de todas partes llegan a participar de las festividades del Señor y Virgen del Milagro, sin embargo funciona todo el año para peregrinos, colegios, turistas, etc., reservando lugares para alojar por tiempo limitado a pobres extremos.

En 1998, sobre la puerta de acceso al patio lateral, se instaló un reloj de líneas tradicionales de dos agujas con números romanos, debajo de este, se colocó otro de tipo electrónico rectangular y digital con la función de marcar en retroceso los días y horas que faltaban para la llegada el año 2.000, inicio del Año Santo. Sobre la puerta se colocó el logotipo adoptado por la Iglesia para el Jubileo del Año 2.000.

Es necesario destacar que a las tareas mencionadas que se fueron realizando a lo largo de la historia de nuestra Catedral, ya centenaria, se deberían agregar los trabajos de conservación y restauración que necesariamente deben ser realizados. Tarea silenciosa y muchas veces oculta que ha encontrado en la persona de su actual Vicario Alberto Abram un agente efectivo y diligente administrador, quien ha integrado estas acciones en el programa pastoral y evangelizador del Santuario del Señor y Virgen del Milagro de Salta.

A lo largo de las naves laterales del Templo de la Catedral, se encuentran los retablos o Altares laterales dedicados a una advocación en particular. Cada nave lateral culmina en los alteres del Señor y la Virgen del Milagro.

La construcción de los altares se había previsto en los planos originales. Se utilizaron retablos ya existentes, realizándose algunas modificaciones. Entre ellos el de San Roque es el que ha conservado una mayor cantidad de elementos originales. La presencia de los santos en el Templo, nace hacia el 1600, luego del Concilio de Trento, cuando se determina la existencia de los Santos Intercesores, es entonces que se difunden las devociones y se construyen estos altares para que los fieles puedan venerarlos.

Bibliografía y créditos

  • Novena del Milagro Editado por la Catedral de Salta – 1760, con actualizaciones y agregados en 1954 – 1970
  • Historia del Milagro Mons. Miguel A. Vergara – Propiedad de la Catedral – 1954
  • La Catedral de Salta Prof. Olga Chiericotti – 1978
  • El Señor y la Virgen del Milagro Mons. Miguel Toscano – 1902 
  • Estudio Socio Económico y Cultural: Consejo de Investigación UNSa – Prof. Oscar Luis Colmenares